Muchas veces confundimos las reglas y la libertad.

 

Las reglas nos ayudan a poder tener una organización, pero realmente tenemos la libertad de ser creativos y adaptarlas a nuestra verdadera forma de ser.

Hoy os contamos una experiencia como muchas que hemos tenido en la consulta y que os ayudará a aprender a encontrara el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad.

 


 

” Llegó un paciente con un cuadro de estrés, derrumbada por auto-exigirse demasiado. Quería llevar su trabajo con una total perfección para cumplir las expectativas de todos los que la rodeaban, a un nivel tan elevado que la había agotado. Comenzamos a trabajar en la terapia.

Su infancia, como muchas otras, no había sido complicada y su adolescencia, hasta su madurez, había sido maravillosa. Ella había experimentado una libertad y unos padres comprensivos que al apoyaban en todo lo que se atrevía.

Se había atrevido a coger su mochila y, durante un tiempo, viajó hacia donde el corazón se lo pedía, sin ningún rumbo fijo, con ganas de descubrir cada día un mundo nuevo, ayudando a la gente en el camino, incluso viajó al extranjero a países en los que no conocía el idioma, enfrentándose a todas aquellas circunstancias desconocidas. Pero se sentía bien, se sentía libre, hasta que sintió la llamada de la vuelta a casa. 

Cuando llegó a su hogar cambió totalmente su vida, se puso a estudiar durante unos años, recogió su libertad, le puso orden y hasta la encerró de forma excesiva, hasta el punto de exigirse más de lo que puede su cuerpo y su mente, para demostrar a los demás que puede ser responsable y demostrarse a sí misma que puede llegar aún más lejos.

Estos cambios excesivos de una vida sin límites sin horarios a una vida totalmente estricta produjo en ella que sus emociones estallaran porque se estaba anulando como persona.

Encontramos el equilibrio cuando comenzó a fundir la sensación de libertad con las responsabilidades diarias, a no hacer su trabajo tan técnico y permitirse respirar, permitirse crear algo diferente cada día.”

 

La perfección no está en lo que te exiges, sino en la manera en cómo te sientes realizando tus tareas diarias.

Si dejas tu creatividad libre con tanta amplitud te dispersarás y no sabrás por donde empezar. Si te encierras en la cárcel de las responsabilidades, las reglas y las normas sin preguntarte o sin sentir que eso es lo que tú quieres, te anulas como persona.

Aprende como esta paciente a ser tú misma, con un poco de organización.

 

Karina Rando

 

 

 

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