Hoy es día 1 de Noviembre, día de todos los santos y, diciéndolo claro, día en el que la muerte coge un poco de protagonismo en el año.

Pero, ¿por qué nos da tanto reparo hablar de la muerte y sentimos hasta un escalofrío al nombrarla? Todos sabemos que en algún momento de la vida va a llegar el final, pero evitamos enfrentarnos a esta situación y, cada vez que ocurre a alguien de nuestro alrededor, nos duele y sentimos el vacío que deja.

Pero si nos paramos a pensar… ¿qué sería una vida si no hubiera un final? La muerte nos hace recordar a nuestros seres queridos por la trayectoria que han tenido, por todas aquellas cosas que nos han enseñado, por los momentos felices y por las situaciones en las que nos han acompañado. Pero nuestro egoísmo nubla todas las alegrías compartidas, porque tan solo podemos pensar que ya no tenemos a esa persona a nuestro lado, que no vamos a poder cogerla de la mano después de haber caminado a su lado durante mucho tiempo. Lo dicho, egoísmo.

Muy pocas personas se preparan para este instante cumpliendo sus voluntades, tomando conciencia de que este fin es una celebración a unas realizaciones en la que lo material deja de tener importancia.

Sería importante plantearnos en algún momento de nuestra vida qué legado queremos dejar a nuestros seres queridos para que nos recuerden: qué enseñanzas, qué alegrías o qué palabras queremos que recuerden de nosotros.

Todos los que pasan por nuestra vida dejan una enseñanza, un recuerdo, una ilusión o tan solo un momento, pero cada uno de estos momentos forman la vida y eso es lo más importante que tienen que recordar de nosotros cuando ya no estemos en ella.

Hemos vivido como hemos podido, dando lo mejor o tan solo lo que sabíamos dar, pero ha sido una experiencia única e irrepetible que dejará huella en todo los corazones de las personas que nos respetan y nos aman. Si realmente el amor existe, en ese momento del fin lo mejor que te puede dar la vida es estar rodeado de personas que sabes que te van a recordar y van a hablar de ti a sus hijos y a sus nietos.

En la muerte nos tienen que recordar por lo que hemos vivido, no por el dolor de un fin o de un vacío que nadie podrá llenar.

Karina Rando

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